martes, 30 de mayo de 2017

+Money - Capítulo 11



Capítulo 11

La mañana de San Valentín Nabil se colocó una playera negra hasta la cintura, el estampado eran cuadros de vivos colores que simulaba la caída de las piezas del tetris y sobre ella una sudadera blanca que se cerraba hasta por encima de su cabeza simulando la parte el casco de un Storm Trooper. Llevaba sus gafas rojas y el cabello algo alborotado, unos jeans desgastados y sus botines de piel y agujetas favoritos. Estaba desanimado, no es que comer con Adele y Bill no le agradara; era sólo que Theo no lo había llamado, él tampoco lo había hecho, no quería abrumarlo con todo aquel asunto de San Valentín dando vueltas. Pero muy en el fondo, muy, muy en el fondo había esperado que quizá Theo le llamara, que lo invitara a salir. Pero Theo jamás lo llamaba... era siempre él quién lo buscaba.


-¿Me estoy volviendo demasiado exigente?- se preguntó al espejo.


Lo que él recibía de sus amantes de paso era una o dos jodidas y bonitas palabras. Theo era diferente, llevaban ya casi tres meses viéndose y Theo era tan encantador, actuaba como si fuesen una pareja de verdad. Quizá se había dejado llevar, debía recordar que él y Theo no eran una pareja de enamorados, ellos eran sólo un par de hombres con una relación de interés mutuo. A Theo le gustaban sus regalos y a él... a él le gustaba Theo. Si tan solo fuera más guapo, si tan solo fuera un poco más divertido, un poco más normal, quizá... quizá entonces Theo lo habría invitado a salir.

El timbre del intercomunicador sonó y Nabil abrió la puerta después de ver a través de la pantalla de intercomunicación que era Bill.

-¡Estoy listo! disculpa por hacerte venir a buscarme, iré por mi cartera- le sonrió.

Bill no entró al departamento, le habló desde afuera, su jefe era un genio pero de verdad aún era un niño adicto a los juguetes, tenía tantas cosas en ese departamento.

-No se preocupe, yo fui quien insistió en venir por usted, luce bien ¿es una sudadera nueva?- preguntó cuando Nabil volvió a la puerta.

-Acaba de llegarme esta semana ¿no es genial?- preguntó.

A Bill el diseño le pareció vagamente familiar pero no logró ubicarlo y solamente asintió.

-Es muy bonita- respondió preguntándose si no debería haberlo engañado para hacerle creer que era algo un poco más formal. Lo había visto salir con ese muchacho que le gustaba tanto, siempre usaba esa ropa tan elegante pero como creía que estaría con ellos había elegido prendas que le gustaban más. En realidad quizá era mejor así, ése era el Nabil de verdad, si ese muchacho Theo hablaba con sinceridad, estaría contento de verlo también así.

-Gracias- sonrió intentando animarse- ¿Qué hay en el menú? Todo lo que Adele hace es delicioso, muero por probarlo- habló intentando sonar animado y no era tan difícil, era cierto que amaba la comida de Adele.

-Es... es una sorpresa- dudó Bill, él verdad no era muy buen mentiroso, jamás lo había sido- Incluye los dulces que le gustan- agregó y el nerviosismo increíblemente no se le notó.

Nabil vio por la ventana y como cualquier otro día sacó una consola del bolsillo de su pantalón y lo encendió, había estado pensando en un nuevo diseño de batería, quizá ahora que estaba desocupado pudiese trabajar en ello. La idea se fue rápidamente de su cabeza y comenzó a jugar sin prestar atención a su alrededor. Sin que se diera cuenta pasaron casi cuarenta minutos en el tráfico y para cuando el coche se estacionó y Nabil prestó atención ya estaban en un estacionamiento subterráneo.

-¿En dónde estamos?- preguntó curioso cuando Bill le abrió la puerta, metiendo el juego en su bolsillo de nuevo- ¿Comeremos en un restaurante? Creí que Adele cocinaría...- notó que quizá habían querido tener un detalle especial con él- No es que me moleste- sonrió enseguida y Bill le devolvió la sonrisa guiándolo al ascensor.

-Queríamos darle un bonito regalo de San Valentín- le aseguró y Nabil se enterneció siguiéndolo. Se preguntó curioso qué clase de lugar sería y se sorprendió cuando salió y solamente vio un par de puertas. Eso era extraño.

-¿Qué clase de lugar es?- volvió a preguntar pero Bill ya no le respondió, tocó el intercomunicador de una de las puertas, aquellos parecían departamentos ¿Por que habían ido a departamentos?

Nabil estaba por bombardear a Bill de preguntas cuando la puerta se abrió y Bill le dejó pasar primero. Adentro estaba oscuro ¿era parte de su sorpresa?

-Espero que tenga un buen día, joven Nabil- le deseó Bill y cerró la puerta. Nabil se sobresaltó y quiso volver pero ya con la puerta cerrada notó que había luz al final del pequeño pasillo de entrada. Caminó cuidadosamente y parpadeó varias veces al ver el hermoso departamento a oscuras, repleto de velas y el aroma a rosas y dulce. Se quedó quieto, anonadado y sorprendido y se giró preguntándose cuando entraría Bill.

-Él no va a entrar, esto es solo para ti y para mi- Nabil se sobresaltó al escuchar la voz conocida y buscó a su dueño en el lugar de donde venía la luz. Ahí estaba Theo con un traje azul marino a medida, a media luz lucía como una aparición, alguna clase de ángel moderno enfundado en Armani.


-Te... Te... Theo- tartamudeó y cuando notó que lo miraba de arriba abajo recordó lo que llevaba puesto y se avergonzó cruzándose de brazos.

Theo en cambio sonrió encantado parándose a medio metro de él.

-¿Así que así es como vistes normalmente? En verdad te arreglas para verme ¿verdad?- preguntó con tono dulce.

Nabil sentía que moriría de vergüenza en cualquier momento.

-Me alegra tanto, eso quiere decir que soy especial para ti ¿no es de esa forma?- preguntó acariciando los desordenados cabellos rojos que en esos momentos se le antojaban tan sensuales.

Nabil escuchó la pregunta y levantó la mirada rápidamente, "¿Especial?" claro... alguien como él que iba haciendo regalos por sexo no debía ser de fiar.

-Eres el único Theo- le aseguró, a pesar de que ya se lo había dicho cuando habían decidido hacerse los análisis, no quería que Theo lo dudara por nada del mundo.

-También tu lo eres, Nabil- y la voz a Theo le salió con aquel dejo de emoción - Eres el único- le prometió.

Era una desgracia que sus palabras tuvieran significados tan diferentes, aunque Nabil quería decirle que nadie más entraba en su cama, Theo estaba confesando que era el único en su corazón.


Nabil sonrió aliviado, la mano de Theo en su mejilla le hizo cerrar los ojos, no podía creer que Theo estuviese ahí. Cayó en cuenta entonces de la realidad.

-¿En dónde estamos?- preguntó abriendo los ojos y viendo a su alrededor, la bonita sala estaba llena de flores y velas- Son... son muchas flores.

-No sé cuáles son tus favoritas y Adele dice que te van bien las rosas.... Pero como no estaba seguro pedí al menos una flor de cada tipo y terminó en estos jarrones- sonrió y Nabil parpadeó varias veces sintiendo que le escocían los ojos y se le inundaban de lagrimas.

-Oh Theo...- Theo lo abrazó y besó sus mejillas, suavemente, como el aleteo de una mariposa en los pétalos de una rosa.

-Shhhhh- le consoló acariciando su nuca con las yemas de sus dedos, sintiendo su calor y por un segundo una calidez inundo su corazón, una tranquilidad invadió su cuerpo y el tiempo pareció detenerse para permitirle sentirlo. Theo y Nabil habían tenido sexo muchas veces... pero era la primera vez que Theo lo sentía tan suyo, era la primera vez que sentía que podía tocar su alma y que podía estar así, solo sintiendo su calor, embriagándose con el sutil aroma de su shampoo, de su piel.

-¿Hiciste esto para mí?- Nabil preguntó a media voz, su frente estaba contra el pecho ajeno y movió la cabeza como un gatito que quiere llenar con su aroma a su nuevo humano.

-Bueno, en realidad es más un regalo para ambos- Le aclaró y suavemente lo separo de él- Ven al comedor- pidió tomando su mano y guiándolo por el departamento hasta el área de la estancia donde la cena los esperaba.

Theo retiró la silla y Nabil se sentó sintiéndose tímido, el rubor en sus mejillas no era efecto de las velas. Su corazón era un alegre y emocionado festival de tambores en su pecho, interpretando las más locas y extrañas canciones de amor.

-Está.... está delicioso- expresó emotivamente y con una enorme sonrisa tras el primer bocado- Theo sentado frente a él estaba orgulloso de sí mismo, observó a Nabil comer cada platillo con emoción, deleitándose con sus rostros de aprobación cada vez que tomaba un trozo.

Llevaban una hora de cómodo casi silencio cuando Nabil terminó el último plato antes del postre. El pelirrojo levantó el rostro y con la más hermosa expresión de afecto observó a Theo con los ojos llenos de felicidad. La visión casi estalla el enamorado corazón de Theo.

-Gracias Theo- susurró casi sin aire, parecía que lloraría en cualquier momento.

Theo se levantó y caminó hacia él, afuera aún era de día pero con las ventanas selladas ahí dentro parecía de noche.

-¿Por qué me agradeces?- preguntó parándose a su lado y agachándose lo suficiente para besar su mejilla, con un roce tierno que terminó cuando sus cabezas estuvieron juntas, frente contra frente- Todo esto, me hace más feliz a mí que a ti, te lo aseguro- argumentó- Tengo el postre en la otra habitación ¿quieres venir conmigo?-preguntó bajito, a esa distancia no era necesario alzar la voz y su mirada en la ajena casi parecía hablar por sí misma.


-Sí, llévame- le pidió en un suspiro, Theo tomó su mano y lo levantó llevándolo a la habitación a través de un pasillo. Lo que encontró al abrir la puerta fue la alcoba con el mismo tipo de decoración que el resto de la casa, velas y flores, la cama en medio de la habitación era enorme. Y no solo la cama, la habitación por sí misma era grande, en lo que parecía una pequeña sala de estar; en la mesita de centro estaba un bonito pastel blanco en forma de corazón con una rosa de glaseado sobre él y varios tipos de dulces en platos pequeños.

El programador estaba impactado viendo todo el lugar cuando la sensación de ser rodeado por la cintura lo estremeció.

-Theo... Theo, de verdad que no sé qué decir...- murmuró y el rubio le dio un beso casto en el cuello, inundando de su agradable calor la espalda de Nabil.

-No tienes que decir nada Nabil, me encanta charlar contigo pero quizá hoy podríamos solo disfrutar de este tiempo juntos- Nabil se giró en sus brazos y le rodeó el cuello con la expresión de felicidad más radiante que Theo jamás había visto en él hasta ahora.

-Eres lo mejor que me ha pasado Theo... lo mejor...